EL TREN DE LA MUERTE – CIEZA

         El 15 de julio de 1937, en plena Guerra Civil Española, y pese a que en Murcia la guerra transcurría sin grandes sobresaltos alejada de las encarnizadas contiendas del momento, un trágico suceso marcaría a la población murciana de Cieza. Un hecho, que a pesar de la importancia de lo sucedido, pronto quedaría en el olvido por el conflicto bélico que se estaba librando, pero que quedó marcado en las retinas para siempre de aquellos que lo vivieron.

Estación MZA en Cartagena, año 1936

          Aquella calurosa tarde de verano, partía desde la estación ferroviaria de Cartagena en su regreso (el tren correo Madrid-Cartagena) en el intento de evitar los contínuos bombardeos nocturnos a trenes llevada acabo por la aviación enemiga, para evitar la llegada de nuevos refuerzos de hombres a los campos de batalla, y suministros alimenticios.

         A la par, otro convoy en este caso militar y formado por un gran número de camiones cargados de munición, bombas de aviación y material de campaña, realizaba paralelamente un itinerario similar por carretera con el mismo destino (Madrid).
El “tren-correo” salvo algunas paradas breves, continúa su marcha a toda prisa ante la temida aviación enemiga. Va cayendo la noche, el convoy militar sigue su mismo itinerario atravesando pueblo a pueblo su carga letal, sin saber que la muerte ya les acechaba. Cerca de la media noche los habitantes de la ciudad descansan ya en sus hogares, sin saber lo que en breve les deparaba.
Algunos vecinos fueron testigo del paso de aquel convoy militar por Cieza, que asombrados vieron como atravesaban toda la ciudad. Uno de ellos cuenta su testimonio, de verlos pasar por la calle Mesones, y que uno de estos camiones a su paso por el convento, se detuvo, desviándose entre las calles ciezanas. Los dos militares, conductor y acompañante, decidieron buscar una taberna para la compra de una botella de licor y así hacer más llevadero el viaje.

           Preguntaron a uno de los pocos transeúntes que a su paso encontraron, este amable vecino, decidió acompañarles y guiarles a una taberna cercana y conocida en la localidad. El Bar de Isidoro en al calle San Sebastián. Una vez ofrecida la botella de ron por el tabernero, los militares abandonaron la taberna a toda prisa, para dar alcance al resto del convoy que continuaba con su marcha. Incluso sin esperar las vueltas del billete con el que pagaron.

                Cargados de munición y bombas a toda velocidad, volvieron a la calle Mesones para proseguir su ruta. Continuan su recorrido, pero el conductor en su ansiada acción de alcanzar al resto del convoy, se equivoca, y toma por error, dirección a la “Cuesta de la Villa”. Éste, percatado del error, dan un giro brusco para corregir la dirección, que al final consigue solucionar. Esta vez , tan sólo unos centímetos les separó de empotrarse con su carga mortífera en la acera y viviendas que allí había. Un accidente que sin duda se habría cobrado cientos de vidas de vecinos que en ese momento descansaban en el interior de sus viviendas.
Al mismo tiempo de aquel sobresalto, a la salida de Cieza en el paraje conocido como “Los Prados” junto a la rambla del Judío, se encontraba el paso que atravesaba las vías ferreas, el resto del convoy militar cruzó sin problemas y continuó su marcha a Madrid. Minutos más tarde, Juan Antonio Téllez Salinas, guardabarreras del cruce, se disponía a colocar la segunda de las cadenas que atavesaban la carretera para detener el tráfico rodado , dando paso así al tren del correo.

             De golpe, apareció aquel retrasado camión militar. Cuando finalmente el conductor detuvo el vehículo en su apurada frenada al percatarse de la luz roja que portaba el gurardabarreas, fue sobre las propias vías del tren.
Esto hizo que se desencadenase una gran discusión entre los militares y el guardabarreras, el cual se negaba a dejarles pasar hasta que lo hiciese el tren. Entre gritos e insultos y el ruido del camión, olvidaron su posicionamiento, un error fatal.
El tren del correo (Madrid-Cartagena) aparecía de repente y sin darles margen para reaccionar, éste chocaba contra el camión violentamente a toda velocidad.


El silencio de toda la comarca se vio truncado por la enorme explosión. Un expeluznante choque agravado por la detonación de las cargas de munición que el camión transportaba, haciéndolo volar literalmente por lo aires y casi desintegrándolo por completo. Locomotora volcada, parte de los vagones fuera de las vías y alcanzados por la metralla. Gritos, lamentos y muerte, una agonía agravada por la noche ,de aquellos que yacían heridos desorientados y conmocionados. Tal fue la onda expansiva que en muchas viviendas bastante alejadas, sufrieron rotura de cristales en sus ventanas, incluso en la propia Cieza.

         Rápidamente vecinos y autoridades se personaron en el lugar del accidente para socorrer a los heridos. Muchas autoridades incluso de poblaciones cercanas de Albacete y Alicante.

           Testigos describen el lugar como el mismísimo infierno. Algo que sin duda quedaría grabado en sus retinas para siempre. Narrado el testimonio de algunos que ayudaron a socorrer a los heridos, sobre los gritos de angustia del propio maquinista atrapado entre los amasijos de hierro, pidiendo ayuda quemado por el agua hirviendo de la locomotora.

         Al amanecer, con los primeros rayos de sol, fue realmente cuando se pudo ver y comprobar la magnitud de aquel suceso. Restos humanos y del camión exparcidos por varios metros a la redonda del lugar del accidente. Todo quedó arrasado, la caseta del guardabarrera, una escuela próxima y parte de algunas viviendas cercanas.

           Un recuento de víctimas efectuado al amanecer por las autoridades “in situ” habló de 5 muertos y 101 herido. Pero que a partir de ahí, jamás volverían a proniunciarse sobre la totalidad de muertos y heridos. Aunque testigos del accidente aseguran que el número de muertes fue muchísimo mayor.
Un hecho trágico importante que quedó en el olvido, por la situación que atravesaba el país por la guerra.

 

Valentín Sarabia

Deja un comentario