FOTOGRAFÍAS QUE HABLAN #2

Aquella tarde, la luz entraba por la ventana. Rayos de poniente que tímidamente se dejaron ver tras la reja oxidada, iluminando así toda la desvencijada habitación. Aunque sólo fue por un instante, dio vida a ese tono grisáceo que predominaba en toda la estancia.
Solo y en silencio, cerré los ojos.
Toqué aquella silla suavemente, y como por arte de magia, las voces del pasado comenzaron a resonar de nuevo en aquel palacio abandonado. Todos los rincones oscuros se llenaron de luz, los escombros desaparecieron.
Comencé a sentir el calor de la chimenea y como el crepitar del fuego acompañaba el murmullo del palacio. Hasta pude percibir el olor a cera quemada de las velas que alumbraban el salón.
Ahora colgaban cuadros en sus paredes, retratos de gente desconocida que parecían quererme decir algo. Estantes, libros y más libros. Grandes muebles, lujosa decoración.
Me invadió todo tipo de vivencias de aquel lugar. Momentos buenos y alegres, pero otros tristes y trágicos. Unas sensaciones extrañas que recorrieron todo mi cuerpo. Aquella silla fue. Sin querer encontré el detonante para esa conexión al pasado. Un viaje de más de dos siglos. Por unos segundos, pude caminar por ese otro mundo. Sentirme privilegiado al fotografiar y sentir esa fotografía, ese lugar, ese palacio abandonado.