PILOTOS OLVIDADOS

“Bombardero Tupolev SB-2 “Katiuska”similiar al que pilotaban los pilotos murcianos”

        ” Defendían los colores de La República cuando su avión fue abatido por el ejército franquista en tierras de Soria, muy lejos de su hogar. El sargento Antonio Soto y el sargento observador Luis Gil, ambos murcianos, no sobrevivieron al impacto, y como enemigos, fueron enterrados en una fosa común en el cementerio del pequeño pueblo de Ágreda. Tras 70 años, son buscados sus familiares para ofrecerles una sepultura digna”.

           Sus cuerpos descansan bajo tierra, quizás aún engalanados con los uniformes de batalla, lejos de su tierra. Fueron enterrados como enemigos en una fosa común del cementerio de Ágreda (Soria) en el año 1937, en plena Guerra Civil, después de que su avión, con bandera republicana, fuera abatido.

           Tras tantos años en el olvido, hoy se les puede poner nombre y apellido. Eran el sargento piloto Antonio Soto y el sargento observador Luis Gil, murcianos, presumiblemente de La Unión. Ambos aparecen –aunque no identificados– en un antiguo libro del cementerio de Ágreda, donde se les inscribió como “dos desconocidos hallados en la dehesilla, aviadores rojos, enterrados tras fusilamiento civil”. Ahora, la Asociación de Familiares de los Fusilados de Torrellas (Zaragoza) busca a sus descendientes para exhumar los restos de todos los que murieron por la República que se hallan en esta fosa común para darles una sepultura digna.

             De momento, las indagaciones en torno a estos dos aviadores aún no han cuajado, pero todavía puede quedar vivo un testigo de esta historia bélica que arroje luz sobre las investigaciones. Se trata del cabo ametrallador Blas Paredes, que pudo saltar del avión a tiempo y que fue detenido, pero no fusilado, ya que lo canjearon por otros prisioneros de guerra. Él fue el único superviviente.


Tanto Antonio como Blas no tuvieron tanta suerte y fallecieron un 24 de agosto de 1937 después de haber bombardeado el aeródromo de Soria. Cuando iban de camino a su base en Villafamés (Castellón), dos cazas italianos Breda 65 les sorprendieron a la altura de Ágreda y les dispararon. Su aparato, un Tupolev SB-2 –también conocido como ‘Katiuska’ o ‘Martin Bomber’– no resistió el ataque y, en llamas, se estrelló cerca de la cima del Moncayo, en la frontera entre Castilla-La Mancha y Aragón. Uno de los tres tripulantes no logró saltar a tiempo del avión y murió en el impacto. Los otros dos se lanzaron con sus paracaídas, pero uno de ellos no se abrió, así que sólo Blas Paredes aterrizó sano y salvo.

        La identidad de los tres aviadores murcianos se conoce desde hace relativamente poco gracias al libro ‘Los aviadores del Moncayo’, del escritor Michel Lozares y el investigador Rafael A. Permuy, que indagaron en el pasado en busca de más datos sobre los aviadores de la República.

I.Lara LaOpinión
Fosa común donde reposan los cuerpos (Ágreda)

 

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